Al paso del tiempo, observo poco a poco mi otoño, mi
paisaje, la horajasca que tanto me seduce con esas tonalidades. No me culpo por
haber tomado malas decisiones, al contrario, pude haber tomado otras que me
hayan llevado a buen puerto, quizás a otro destino, más placentero, o quizás
más terrorífico, lo desconozco, lo que si es cierto, es que por momentos me
siento cansado, agotado, ahogado de muchos “te quiero”, pero no un te quiero
dedicado a un familiar, a un amigo a alguien tan allegado a uno mismo, conforme
pasa el tiempo, esos te quiero se fueron al viento, sin rumbo ni destino fijo,
se perdieron, quizás mi propósito en esta vida es no codepender de nadie, no
atarme a nadie, quizás el propósito que tengo en esta vida es amarme tal cual
soy. Recuerdo que por ahí alguien me dijo “Si el precio de andar con alguien es
renunciar a tu esencia y a lo que tú eres, acepta el precio y atente a las
consecuencias… Pero si el precio de ser tu mismo y no perder tu esencia es el
quedarte solo… Afróntalo”.
Tuvo razón al decírmelo, con toda honestidad, ahora que veo
con mucha tranquilidad las cosas, me llegan muchas ideas, en estos días, me
llegan imágenes, recuerdos y vivencias de mis veintes, tardíos y lejanos, en
donde ahora veo con tranquilidad las cosas, sin embargo a veces me encantaría
regresar sólo para susurrarme al oído que piense concienzudamente las cosas y
tome otra decisión, quizás el panorama y el rumbo de mi vida haya sido otro, el
cual no me arrepiento, sino siento una profunda curiosidad del “¿cómo sería?”.
Probablemente ya me vaya a morir, porque siento que estoy
viendo la película de mi vida, en muchos detalles que no quise ver en su
momento. No sé qué suceda.
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